Martes 07 de Julio de 2026

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“El que a poco aspira, poco merece”.

Este dicho aparece en una página de internet de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) dedicada a dichos y refranes y en la misma se advierte acerca de las consecuencias de tener miras muy limitadas:

“La gente sin ambiciones, sin miras elevadas, se conforma con lo que merece, que es muy poco”.

La reflexión me vino a la mente a raíz del ampuloso anuncio lanzado por la presidenta (con A) Claudia Sheinbaum Pardo a propósito del acuerdo formalizado por la empresa petrolera nacional, Petróleos Mexicanos (Pemex) con su contraparte de Brasil, Petróleo Brasileiro S.A. (Petrobras) con la finalidad de aumentar la producción nacional de hidrocarburos, que ha venido paulatinamente a menos, luego de haber alcanzado su máximo hace 22 años, cuando se registró el récord de un promedio de 3.4 millones de barriles diarios.

A la fecha, la producción nacional no llega ni a la mitad de esa cifra.

De acuerdo con reportes oficiales de Pemex - la empresa que la llamada Cuarta Transformación no deja de presumir que “rescató” para los mexicanos - la producción nacional llegó en enero del presente año a 1 millón 655 mil barriles, en febrero 1 millón 646 mil, en marzo 1 millón 655 mil, en abril 1 millón 651 mil, y en mayo 1 millón 657 mil.

Por el contrario, Petrobras va en aumento, a pesar de que las condiciones de los campos petroleros de esa nación sudamericana son más problemáticas que en México: De acuerdo con reportes recientes, su producción promedio alcanza los 3.2 millones de barriles diarios, con lo cual justifica las expresiones que la consideran como una de las corporaciones energéticas más importantes del continente americano. Los conocedores le reconocen por su tecnología y experiencia en exploración en aguas profundas (offshore) para evaluar nuevas reservas en áreas como el megayacimiento Cantarell en México, ubicado en el Golfo de México, que Pemex no ha podido aprovechar cabalmente.

De hecho, el convenio con Petrobras tiene como uno de sus propósitos explorar zonas profundas y reactivar pozos que antes se consideraban agotados.

Aquí es donde aparece el tema del llamado fracking (o fracturación hidráulica), un método de extracción para extraer gas y petróleo que consiste en perforar miles de metros en la tierra e inyectar a alta presión una mezcla de agua, arena y químicos para romper las rocas (lutitas) y liberar los hidrocarburos atrapados en ellas.

Es de reconocer que el régimen encabezado por la presidenta Sheinbaum dio un giro positivo en este tema, al alejarse de su caudillo y antecesor, el expresidente López, quien de plano estigmatizó es procedimiento e intentó proscribirlo constitucionalmente.

La presidenta Sheinbaum, por el contrario, convocó a un consejo de expertos para determinar si existen posibilidades de aplicar ese método sin causar daños al ambiente, ya sea con el uso de agua reciclada y de químicos que no resulten nocivos. Hasta el momento no hay conclusiones, pero ya representa un avance el hecho de eliminar esos atavismos y buscar procedimientos que resulten menos dañinos para el medio ambiente.

Lo que ya no resulta tan plausible ante el cambio de rumbo marcado por la primera mandataria es que se fije una meta muy limitada respecto al volumen de producción que se desea alcanzar. Es de tener en cuenta que conviene más aumentar la producción y las exportaciones a corto plazo, pues con el tiempo disminuirá el valor de los hidrocarburos, por el aprovechamiento mundial de otras fuentes de energía. Allí está el caso del combustóleo que sale de las refinerías nacionales y que no tiene mercado por ser altamente contaminante; en términos coloquiales se dice que nadie lo quiere “ni regalado”.

El combustóleo es un residuo que queda al refinar el petróleo. Contiene mucho azufre y cenizas. Al quemarse, libera dióxido de azufre, partículas finas y carbono negro. Estos gases dañan los pulmones y forman lluvia ácida.

En su tradicional conferencia de prensa, la presidenta Sheinbaum anunció que Petrobras apoyará a Pemex en la exploración de nuevos yacimientos de petróleo, particularmente en aguas profundas, con el objetivo de fortalecer la producción nacional y avanzar en la estrategia de soberanía energética.

La mandataria explicó que la experiencia tecnológica de la petrolera brasileña será clave para identificar nuevos recursos en zonas donde México busca ampliar su capacidad de exploración. “En esta parte de exploración nos van a ayudar mucho, porque ellos han desarrollado nuevas técnicas para la exploración de petróleo, particularmente en aguas profundas”.

Confirmó que uno de los proyectos en análisis es la exploración de zonas más profundas del yacimiento de Cantarell, considerado durante décadas el principal campo petrolero de México.

Se está viendo si en el yacimiento de Cantarell, ese que dio tanto petróleo a México, en una zona más profunda, se puede encontrar más petróleo”, indicó.

Sheinbaum no perdió la oportunidad de aprovechar las circunstancias para lanzar críticas contra los gobiernos anteriores, pues sostuvo que ese yacimiento fue sometido a un ritmo de extracción que, afirmó, aceleró su declive. “Se sobre explotó el principal yacimiento de crudo del país. Se sacó el petróleo más rápido y se acabó una mayor parte de ese yacimiento”. Dijo que el máximo de producción pudo podría quedar en 2.5 millones de barriles diarios, pero durante el sexenio de Vicente Fox llegó a 3.4 millones de barriles diarios.

A pesar de esas críticas, como mencionamos, otras fuentes consideran positivo aprovechar el mercado para colocar al crudo, pues su valor irá en descenso.

Lo que vale insistir es en señalar que las metas que se ha fijado la presidenta Sheinbaum son muy limitadas, pues se ha puesto como meta una producción diaria de 1.8 millones de barriles diarios, los cuales se destinarían básicamente a proveer a las refinerías nacionales para satisfacer la demanda del mercado nacional de combustibles y lograr la tan pregonada soberanía energética.

También falta comprobar que las plantas que maneja Pemex trabajan con eficiencia, pues los rumores son negativos. En particular, circulan versiones en el sentido de una de las obras emblemáticas de la llamada Cuarta Transformación, la refinería oficialmente nombrada Olmeca, instalada en Dos Bocas, Tabasco, no ha llegado a producir a toda su capacidad, a pesar de haber sido inaugurada, por primera ocasión, hace ya cuatro años, el 1 de julio de 2022, como parte de las celebraciones por la victoria del expresidente López.

A pesar de esos malos indicios, la dirección de Pemex, que no se caracteriza por su eficiencia, pues fue necesario un relevo en el alto mando, ha divulgado estadísticas con buenos resultados.

Por ejemplo, de acuerdo con las últimas estadísticas operativas de 2025, la elaboración total de productos petrolíferos alcanzó alrededor de 908 mil barriles diarios, su nivel más alto.

Asimismo, presumió haber alcanzado un proceso de crudo de 1.27 millones de barriles diarios, resultado que confirmaría una mayor eficiencia en el procesamiento del crudo y avances tangibles hacía, otra vez, la “soberanía energética”.

De acuerdo con esas estadísticas, los productos de alto valor como gasolina, diésel y turbosina registraron un crecimiento sostenido, con un incremento de 119 mil barriles diarios en la producción de destilados, como resultado de una mayor eficiencia operativa en las refinerías y el fortalecimiento del Sistema Nacional de Refinación.

La meta, indicó Pemex, consiste en alcanzar un procesamiento de un millón 560 mil barriles diarios de petróleo crudo. Esto será posible gracias a inversión pública, en mantenimiento, modernización y mayor aprovechamiento de residuales. La petrolera nacional se propone alcanzar una proporción de hasta 80 por ciento en la mezcla refinada en los próximos años, lo que permitirá producir más combustibles útiles y reducir progresivamente lo productos residuales.

Los antecedentes no dan buena base para suponer que se alcanzarán esas metas. Pemex cerró el 2025 con una producción de hidrocarburos líquidos (crudo más condensados) de 1 millón 635 mil barriles diarios, con una caída de 7% en comparación con el reporte del 2024 y llegando al nivel más bajo que se ha reportado en 46 años.

¿Y el huachicol? Ese es otro tema.

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